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En mi barrio: Schule des Ballets Stuttgart

Me gusta tener todo a mano. Y la sensación de que el universo arregla tu entorno para que tengas cerca todo lo que necesitas. Hasta extremos como que mi escuela de ballet está a unos tres minutos andando desde casa. Hay muchas escuelas de ballet en Stuttgart, no es una rareza tener una cerca. Pero ¿tan cerca? Y ¿semejante escuela?

La Schule des Ballets Stuttgart está en un antiguo edificio industrial, tiene la sala más grande y luminosa de todas las escuelas a las que he ido (que con los años, son unas cuantas). Tiene una historia: Fue fundada en 1988 por Hitomi Asakawa, antigua solista en la compañía Béjart de Lausana. Al fondo de la sala de baile una foto preciosa de un pas de deux de Hitomi y Paolo Bortoluzzi preside y domina el espacio. Tiene el efecto que en otros entornos crea un crucifijo.

Desde hace tres años lleva la escuela Toshi Kusuda, que es un cielo y un maestro excelente. Con una paciencia de ángel. Me consta que mi grupo de principiantes eternas roemos su sistema nervioso con nuestra torpeza, pero él sigue con su sonrisa puesta y sus “gracias” cuando nos marchamos dejándolo agotado de tanto repetir lo mismo.

Afortunadamente para él nuestro grupo es una excepción y la mayoría de sus alumnas (y algunos alumnos) tienen talento y atienden clases en las que no hace falta repetir cien veces la misma secuencia y se pueden dedicar a danzar, que es de lo que se trata. Así es que mi primera maestra de ballet en Alemania es su alumna y quien me sugirió en una de sus deliciosas tarjetas navideñas que me pasara por la escuela, que está tan cerquita.

Así es como después de cuatro años de pausa volví a mis pliés. Y además empecé a hacer pilates, porque la escuela ofrece una clase los lunes a las once (ya, un lujo, ya lo sé: el lunes a las once, de la mañana, se entiende).

No sé si esto es así en otros sitios pero en Alemania las escuelas de ballet cierran durante las vacaciones escolares, que son como cada seis semanas: que si Carnaval, que si Semana Santa, que Pentecostés… cada una de estas son dos semanas sin ballet. O casi: porque Toshi organiza un montón de talleres en estos periodos, en los que renombrados bailarines y coreógrafos dan clases de jornadas completas. Todavía no me he animado a ir a ninguno porque, en fin, lo dicho: que no soy capaz de hacer una pirueta, o sea que me da un montón de palo aparecer por un workshop de esos. Pero por falta de curiosidad no es.

Un plus en las clases de Toshi son sus “consejos para la vida”, cosas que nos dice como “sé una flor para los demás”. ¿No es bonito?

 

¡Ah! Y, esto sí que es un lujo, desde el año pasado la escuela ofrece su función de fin de curso en el mismísimo Theaterhaus de Stuttgart. A quienes leen esto fuera de la capital suaba eso no les dice nada pero para los que lo conocen es una referencia. No es cualquier sitio. Y nunca he visto que una escuela de ballet se presente en semejante sala. Pero esta sí. Este año la función es el día 16 de julio, con extractos de “Paquita” y “El Carnaval de los Animales”. Yo ya me alegro de ver a las alumnas adelantadas y los peques pocholísimos.